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OCIO Y EDUCACIÓN INFANTIL
Pequeños clientes y grandes oportunidades
Claudio Nóvoa


El componente educativo invade de forma progresiva las actividades lúdicas. Hoy el ocio se entiende como algo constructivo y las cadenas han tomado buena nota con ofertas diversificadas que satisfagan a los niños y, lo más importante, a los padres.

La educación infantil y juvenil seduce por su estabilidad y por ser un modelo de negocio con potencial presente y futuro; los motivos son diversos. Santiago Barbadillo acude a la propia realidad social del país. “El escaso gusto de los jóvenes por el estudio va en aumento, de forma que los padres se ven obligados a solicitar apoyo extraescolar para reforzar conocimientos”.

Los progenitores, a priori, no escatiman gastos con sus hijos, aún menos si se trata de su formación. Eso sí, Manel Casabó advierte que la actividad presenta recorrido siempre que se centre en la educación no reglada. “La obligatoria está sujeta a varios condicionantes y leyes transversales, que varían en función de las Comunidades Autónomas (CC AA), lo que complica el trabajo”.

Las escuelas infantiles (para niños entre 0 y 3 años) encajan en la primera categoría de educación. A la hora de plantearse la entrada en una de estas redes, el emprendedor ha de valorar diversos aspectos, como la seguridad y homologación de las instalaciones, la amplitud de horarios o la existencia de acuerdos con entidades de prestigio, enumera Mariano Alonso. Y en lo que coinciden los expertos es en la obligatoriedad, por parte de la central, de contar con un método de enseñanza propio y exclusivo, que se aleje de la competencia. Este último elemento también ha de estar presente en las cadenas centradas en la enseñanza de idiomas o de materias como las matemáticas. En el fondo, esto garantiza el valor añadido del saber hacer que la franquicia cede al asociado.

Y es que diferenciarse es el aspecto esencial para captar el interés de los padres, apunta Miguel Ángel Oroquieta. “Se trata de facilitar la conciliación entre la vida laboral y familiar con una amplia oferta, donde tengan cabida el servicio de comedor, el de transporte o la inmersión en idiomas extranjeros”. Una diversificación que hace disminuir el riesgo al no depender el negocio de una sola actividad.

Casabó apuesta, en el campo de las escuelas infantiles, por fidelizar a los críos, una vez que cumplan los tres años; los argumentos de la central pasarían por ofertar un servicio muy personal y por clases con un número reducido de alumnos.

Los padres no renuncian al gasto educativo en sus hijos

Diversión muy instructiva

Aunque muy diferentes, el ocio y la educación van de la mano, como se observa en las tendencias que guiarán el futuro inmediato del sector. Santiago Barbadillo identifica una creciente búsqueda de servicios relacionados con fiestas de cumpleaños y celebraciones similares, en los que es posible incorporar elementos educativos como los cuentacuentos o la realización de sencillos experimentos científicos.

Mantiene su vigencia el acercar la actividad allí donde se encuentran los niños, lo que implica desplazarse a los colegios para organizar eventos fuera del horario lectivo. El emprendedor ha de mostrar un enorme dinamismo, con la vista puesta en convencer tanto a los profesores como a los padres de su oferta lúdico-educativa. “Los centros docentes no dejan de ser un punto de confluencia comercial”, aclara Barbadillo.

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Emprendedores - 07/11/2007

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